Hoy vamos a hablar de la sangría. Es una bebida para cualquier época del año pero en estas fechas de calima y máximos históricos es especialmente apetecible por ser ligera y refrescante.

El nombre parece provenir de la voz inglesa sangaree, la cual, a su vez, se inspiró en la española ‘sangre’ para llamar este refresco por su color.

Se caracteriza por ser una bebida compleja de la que no hay una sola versión. Esto la hace difícil de conocer pero le aporta la riqueza de la variedad. Nadie parece discutir que sus ingredientes básicos son el vino y diversos frutos, casi siempre cítricos. Tampoco se discute que es una bebida típicamente española que existe desde la primera época del siglo XIX. Pero la forma de preparación y los ingredientes son diferentes según el lugar.

Por ejemplo,  la sangría madrileña lleva vino tinto, melocotón, limón,  gaseosa y azúcar. Se suele echar primero el vino, los cítricos y el azúcar y dejarlo reposar en la nevera. Solo unos minutos antes de servir se le añade la gaseosa.

También tenemos la variedad catalana en la que además de la sangría de vino tenemos la de cava, en ella también abundan los cítricos y el azúcar y se le añaden ocasionalmente guindas escarchadas y bebidas espirituosas como ron y Cointreau.

Pero la sangría no es solo típica de España, también en Argentina y Uruguay es una bebida muy popular, herencia de los españoles que pasaron por allí. A esta especialidad de sangría se le añaden (además del vino) distintos tipos de refrescos y frutas, y algunos toques de coñac.


Y qué duda cabe de que los cordobeses dominamos el arte de la sangría también. Aquí os dejamos nuestra versión:

Se cortan 2 limones medianos en rodajas gruesas, se introducen con abundante hielo en un recipiente, con 100 grs de azúcar, 250 ml de vermout, 50 ml de brandy, 50 ml de licor triple seco, 350 ml de vino tinto y 175 ml de refresco de limón, se mezcla todo y añadimos una ramita de canela y la corteza de un limón.

A refrescarse y a disfrutar!